D.ª Ire.
¿Y es posible que usted se determine á hacer un sacrificio?...
D. Die.
Yo pude separarlos para siempre, y gozar tranquilamente la posesion de esta niña amable; pero mi conciencia no lo sufre... ¡Cárlos!... ¡Paquita! ¡Qué dolorosa impresion me deja en el alma el esfuerzo que acabo de hacer!... Porque, al fin, soy hombre miserable y débil.
D. Car.
Si nuestro amor, (Besándole las manos.) si nuestro agradecimiento puede bastar á consolar á usted en tanta pérdida...
D.ª Ire.
¡Con que el bueno de D. Cárlos! Vaya que...
D. Die.
Él y su hija de usted estaban locos de amor, mientras usted y las tias fundaban castillos al aire, y me llenaban la cabeza de ilusiones, que han desaparecido como un sueño... Esto resulta del abuso de la autoridad, de la opresion que la juventud padece: estas son las seguridades que dan los padres y los tutores, y esto lo que se debe fiar en el sí de las niñas... Por una casualidad he sabido á tiempo el error en que estaba. ¡Ay de aquellos que lo saben tarde!