El cual salió á la calle aturdido y avergonzado, y cuando vió á dos del orden en una esquina, sintió tentaciones de decirles:
—Llévenme ustedes á la cárcel, soy un criminal; mi delito es de los más feos, de ésos cuya vista tiene que celebrarse á puertas cerradas, por respeto al pudor, á la honestidad...
JORGE
DIÁLOGO, PERO NO PLATÓNICO
—¿Qué hay de libros nuevos?—me preguntó Jorge, suspirando como distraído, dejando de pensar en mí y en lo que me había preguntado.
Estaba pálido, ojeroso, con cara de sueño y de mal humor. Yo le miré con atención y fijeza, y dando cierta intención maliciosa á mis palabras, contesté:
—Acabo de ver que Carlos Groos, ya sabes, el docto alemán que publicó en 1896 Die Spiele der Tiere (Los juegos de los animales), publica ahora Die Spiele der Menschen (Los juegos del hombre).
—Sí; ya me acuerdo. Los juegos de los animales... No hay más juego que ése. Porque... ¡valientes animales son todos los que juegan!