Pero después de hacer ésta, ni en alemán ni otra lengua alguna, ni viva, ni muerta, volvió á encontrar consonantes, como no fuera por casualidad.

Esta poesía hizo crisis en el alma de Pablo, que desde aquel día empezó á ser hombre en la verdadera acepción de la palabra.

El señor de los Pantalones veía con asombro y con alegría que en las cuentas de su sobrino las sumas eran fiel representación del conjunto de los sumandos, y que ni por casualidad era un cociente mayor que el dividendo en las divisiones de Pablo. En los libros diarios no había raspaduras, ni al margen escollos rítmicos, ni suspirillos germánicos.

II

El capitán de cazadores, ¿cómo ocultarlo?, no era poeta; y para ser hombre en la verdadera acepción de la palabra, le faltaba medio escalafón. En la lista de los capitanes estaba como el alma de Garibay, muy lejos de ambas orillas, como un náufrago en las soledades del océano; si se miraba para atrás se veía que el bueno de don Suero de Quiñones debió ponerse las tres estrellas próximamente cuando el Gran Capitán, y si se miraba hacia adelante, se adivinaba que don Suero pondría galones en la bocamanga cuando ya fuese un hecho la paz perpetua.

Pero nada de esto inquietaba al principio á Restituta, quien confiada, como los economistas, esperaba que las causas represivas vinieran á mermar la clase de capitanes y á reducir considerablemente la población, por consecuencia.

Quiñones era un guapo mozo y Restituta le había amado por espíritu de cuerpo; porque Restituta, en el fondo del alma, era una mujer de infantería. Había nacido para casarse con un capitán del arma.

Ni por un momento se le ocurrió á Pablo hacer la competencia á un rival que tenía fuero privilegiado. Se dió por vencido desde la primera formación en que vió Restituta á don Suero.

Sea dicho en honor de Pablo, Restituta no había dejado de dar pábulo algunas veces á la pasión del mísero soñador. La niña no quería para sí aquel sonámbulo, incapaz de coger cotufas en el golfo; pero se había acostumbrado á verle padecer, languidecer, callar y llorar en silencio.