Es más, y esto sea dicho en honor de Restituta, la muchacha solía ir muy callandito al cuarto de Pablo. (Aquí debo advertir que eran parientes y vivían largas temporadas bajo el mismo techo).

¿Qué hacía Restituta en el cuarto de su desdeñado amador?

Revolver los cajones de la mesa, sacar papeles, leerlos, ponerse colorada, quedarse pensativa, soltar luego una carcajada, guardar todo aquello y echar á correr.

Pocos días antes de ascender Restituta á capitana, Pablo, por casualidad, la vió en su propia habitación entregada á las curiosidades que quedan apuntadas. Pablo, que acababa de escribir la poesía alemana que va unida á los autos, estuvo á punto de sentir amor usque ad mortem. El corazón ya lo tenía en la garganta; pero se dió un golpecito en la nuez, tragó saliva y volvieron las cosas á su sitio. Restituta no supo que su primo la había visto revolverle los papeles.

El primo, que otras veces se pasaba semanas y meses rumiando indicios, atisbos, asomos de simpatía que creía ver en la prima, esta vez no quiso sacar consecuencias de lo que había presenciado, no pensó en ello, es decir, no reflexionó sobre ello, no lo saboreó. Se limitó á consignar el hecho en el libro mayor bajo aquellas letras que dicen Debe.

III

Un capitán de cazadores tiene poco que aprender.

Evitemos la anfibología; no quiero decir que él, el capitán, tenga poco que aprender, porque ya lo sepa casi todo; he querido decir que á don Suero de Quiñones su mujer se lo supo muy pronto de memoria.

Á los maridos, especialmente á los maridos capitanes, les sucede lo que á la Naturaleza, son bellos per troppo variar. Don Suero fué bello y vario mientras no agotó las combinaciones posibles de su indumentaria: de paisano, de uniforme, de gala con uniforme, de levita de campaña, de gorra de cuartel, de ruso, y pare usted de contar. No había más. Restituta, después que se sació de ver todo esto, y no tardó mucho, quiso penetrar en los subterráneos del alma. Quiñones no tenía subterráneos. Su alma era una casamata á prueba de bomba y de psicologías. No tenía ideales muertos ni vivos: no tenía más ideal que el empleo inmediato superior.