LA CATEDRAL
Los fanáticos modernos no conciben que se construya una catedral en Covadonga á expensas de toda la nación, como obra patriótica, como grandioso monumento que conmemora la primera hazaña de la reconquista, el primer milagro del valor español en su lucha de tantos siglos contra los sectarios de Mahoma. “¿Por qué una catedral?—gritan—¿Y la libertad de cultos? ¿Y el racionalismo? Los que no oímos misa ¿por qué hemos de construir una catedral?”
¡Porque lo quiere la historia! ¿Por qué no habéis de construir en Covadonga una mezquita, ni una pagoda, ni un frío monumento anodino, abstracto como el del Dos de Mayo, lo cual equivaldría á olvidar la mitad, por lo menos, de lo que Covadonga representa? ¿Que no queréis hacer de Covadonga un Lourdes? Perfectamente; pero si no queréis que otros, aunque sea poco á poco, hagan eso, apresuraos á hacer otra cosa, una obra nacional, un gran recuerdo histórico; y como la Historia es como es y no como el capricho de cada cual, Covadonga, quiéralo ó no el racionalista negativo, tiene que representar dos grandes cosas: un gran patriotismo, el español, y una gran fe, la fe católica de los españoles, que por su fe y su patria lucharon en Covadonga. Una catedral es el mejor monumento en estos riscos, altares de la patria.
LA CAPILLA
Hablas como un libro. Y esos fanáticos nuevos son tan irracionales como los viejos, que me niegan el derecho á la vida porque, llamándome yo cristiana, y sin que nadie me niegue tal nombre, ostento en mi fachada una cruz y un letrero que dice: “Cristo, redentor eterno”. ¿Qué hay de malo en esto?
LA CATEDRAL
Creerán que lo dices con segunda.
LA CAPILLA
El signo de la cruz ¿no es siempre santo? ¿Ó es que quieren parecerse esos fanáticos ortodoxos al impío Strauss, que en sus Confesiones llega á declarar que la cruz le repugna?