LA CATEDRAL

Con la Constitución del Estado en la mano te demuestran que no tienes derecho á la cruz de la fachada...

LA CAPILLA

Así argumentaban los saduceos cuando querían probar á Roma que Jesús barrenaba la constitución judaica...

LA CATEDRAL

En cambio, si los fanáticos nuevos triunfan, ya harán otra Constitución para declarar que en España tanto como yo representa cualquier zaquizamí en que á un extravagante soñador se le antoje exhibir un culto de su invención... y acaso de su industria. Unas constituciones niegan la historia y otras niegan la filosofía... Pero al fin á ti sólo te perjudican tus contrarios, los que ven en ti el símbolo de la abominación. Pero á mí me dejan abandonada todos, los que debieran ser mis amigos por patriotas y los que debieran serlo por patriotas y por creyentes de mi Iglesia. Hace muchos años, un santo obispo, varón elocuente y virtuoso, lleno de humildad y de fe, vino de Levante, de país muy diferente de estas mis brumosas montañas, y él, hijo del sol, de la clara y diáfana atmósfera mediterránea, se enamoró de estos lugares húmedos y oscuros por el encanto singular de estas montañas, sagradas para el cristiano y para el patriota. La idea del santo obispo fué construir aquí una catedral sobre estos vericuetos dantescos, y en los primeros trabajos necesarios empleó su patrimonio. La fe y el patriotismo de los demás debía ayudarle, convertir en realidad su noble idea... Pero España no comprendió la grandeza del propósito. Se convirtió en cuestión de interés provincial puramente lo que debiera ser empresa nacional, porque Covadonga no es sólo de Asturias, es de España.

LA CAPILLA

Y esta aristocracia ilustre, cuyas principales damas tan ruda guerra me han declarado á mí, ¿no ha dado su dinero, no ha facilitado su influencia para levantar tus muros y hacer de tus naves un santuario digno de la gran idea religiosa y española que representas?

LA CATEDRAL

Esas damas ilustres, cuyos títulos reunidos parecen un índice de la historia de España, no se han acordado de mí... ni del origen de su grandeza. Cuanto más ilustres esos grandes apellidos y esos grandes títulos, más se acercan á mí. No hay nobleza castellana más pura, más grande que la que tenga su origen cerca de estas fuentes, de estas aguas que se despeñan por ese torrente abajo...