La vida es Sueño, hija mía, es el portento de los portentos del teatro.... Es un drama simbólico... filosófico.

—Sí, ya sé, Quintanar....

—Y Perales, que lo dice tan bien, mi amigo Perales.

—Y que habrá tanta gente—añadió la Marquesa.

—Por Dios, señora: con mil amores, si no fuera.... ¿No voy otras veces? ¡Pero si mañana tengo que comulgar!

—¡Ta, ta, ta, ta! ¿y qué tiene eso que ver? ¿Lo sabe la gente? ¿Vas tú al teatro a pecar?

—¡El arte es una religión!—advirtió don Víctor consultando el reloj, temeroso de perder lo de

Hipógrifo violento que corriste parejas con el viento.

Después supo que esto lo suprimían. «¡Qué escándalo!».

—Pero, niña—prosiguió—demasiado nos honra la Marquesa.