—¿A que sí?...—No tires...—Pues da señas...—¡Es una cosa muy rica! ¡muy rica! ¡muy rica!

—¿Que se come?—Pues claro... siendo muy rica...—¿Dónde la hay?—La comen los señores...—Eso no vale, ¡so tísica! ¿qué sé yo lo que comen los señores?

—Pues alguna vez puede ser que la hayas visto.

—¿De qué color?—Amarilla, amarilla...—¡Naranjas, rediós!—aulló el pillastre y dio un tirón al pañuelo, preparándose a emprenderla a latigazos con sus compañeros.

—¡Que me arrancas el brazo, bruto, y que no es eso!...

Los demás pilletes ya se habían puesto en salvo y corrían por la carretera y el Espolón.

—¡Venir! ¡venir! que no es eso...—gritó la madre.

—¡Que sí es! ¡bacalao! te rompo... ¿pues no son amarillas las naranjas?... ¿y no son cosa rica?

—Pero naranjas las comes tú también.

—Claro, si se las robo a la señoa Jeroma en el puesto....