—¿Pues no he de saber?—contestó doña Petronila, orgullosa porque estaba enterada de todo—. Ana llevará túnica talar morada, de terciopelo, con franja marrón foncé....
—¿Marrón foncé?—objetó Obdulia—... no dice bien... oro sería mejor.
—¿Qué sabe usted de esas cosas?... Yo misma he dirigido el trabajo de la modista; Ana tampoco entiende de eso y me ha dejado a mí el cuidado de todos los pormenores.
—¿Y la túnica es de vuelo?
—Un poco...—¿Y cola?—No, ras con ras...—¿Y calzado? ¿sandalias...?
—¡Calzado! ¿qué calzado? El pie desnudo....
—¡Descalza!—gritaron las tres damas.
—Pues claro, hijas, ahí está la gracia.... Ana ha ofrecido ir descalza....
—¿Y si llueve?—¿Y las piedras?—Pero se va a destrozar la piel... —Esa mujer está loca...—¿Pero dónde ha visto ella a nadie hacer esas diabluras?
—¡Por Dios, Marquesa, no blasfeme usted! Diabluras un voto como este, un ejemplo tan cristiano, de humildad tan edificante....