Aventajaban á los demás en el conocimiento previo, que para aquélla había sido consecuencia fortuita, y tenían mucha mayor capacidad para organizar una empresa, por su férrea disciplina, la simplificación de método que suponía su renunciación de todo incentivo terrenal, en bien de su orden, y el concurso, para este fin, de las grandes inteligencias con que contaban.

En 1588 llegaron los primeros al Paraguay, enviados desde el Brasil. Eran experimentados misioneros y sabían el guaraní. Su acción iba á buscar en sentido inverso, el contacto que había insinuado treinta años antes, por la Guayra, aquella reducción de Manizoba, malograda en su intento á causa de su origen portugués, que la hizo naturalmente sospechosa para los expedicionarios españoles sobre aquel territorio.

Al situarse en la Asunción, aquellos jesuítas se colocaban bajo la influencia española, salvando así los celos patrióticos, mientras sus compañeros del Brasil seguían de consuno la obra proyectada. Pero como España era la más fuerte, y como sus dominios llegaban hasta la misma costa de aquel país, los últimos se limitaron á conservarse en ella. El Paraguay fué el centro de irradiación elegido, y la unidad de la acción que se intentaba quedó establecida de allí á poco, por la constitución de la provincia espiritual, que abrazaba, como se recordará, regiones tan diversas.

De tal modo revelaba aquello una acción futura, que la comunicación entre dichas regiones no existía. Á ser la tal provincia una mera subdivisión que la desprendía del Perú para facilitar su administración espiritual, habría debido crearse otra en el Tucumán. Es que mientras la conquista laica seguiría buscando su contacto con el Perú, desde aquel centro y desde el Paraguay, la espiritual, más audaz, más lógica, y sin el estorbo de los límites territoriales, orientaría todas sus aspiraciones á conseguir el desahogo marítimo por la costa del Brasil.

La primera, dirigida desde España sobre la base de informes no siempre desinteresados y fieles, tuvo por norte el miraje del oro; con más que las posesiones portuguesas la habrían opuesto siempre un obstáculo, á querer tomar el rumbo de la segunda.

Ésta, concebida por un poder nada disperso en complicaciones políticas, y exento de penurias económicas, contó desde el primer momento con la experiencia de hombres avezados é inteligentes, que percibieron sin vacilar la futura grandeza, apreciando á la vez, en su justo valor, la importancia real de aquel oro que tantas cabezas trastornaba. No le desconfiaban los intereses patrióticos, puesto que su influencia era igual en las naciones rivales; y el Evangelio le daba un admirable estandarte, para garantirle la consideración de las dos.

La relación con el Perú, que no podía ser abandonada enteramente, quedó secundaria, no obstante, sobre todo en la primera época y mientras se constituía un poderoso centro de operaciones; pero nunca fué abandonada en absoluto. Era también una posesión de la orden, cuya frontera convenía frecuentar.

Compusieron la primera misión al Paraguay, los PP. Soloni, Ortega y Fildi. El primero era un veterano de las misiones. Ya en 1576, acompañando á su maestro, el P. Gaspar Tulio Brasiliense, había fundado entre los tabayaras la reducción de Santo Tomé. Á aquellas fundaciones se agregaron, hasta 1577, la de San Ignacio entre los surubís, y la de San Pablo en la costa del mar, vecina al río Sergipe. Llevaba, pues, el referido sacerdote, catorce años de predicación en el Brasil, donde fué ordenado. Sus compañeros entraron hasta la Guayra, y allá, en unión con los PP. Barzana, Lorenzana y Aquila, que llegaron del Tucumán poco después, formaron el primer plantel de reducciones paraguayas.

Organizando misiones, que eran más bien reconocimientos, siguió paralizada la expansión hasta 1599, en que muerto Soloni, fué nombrado superior Lorenzana.