Calculaba el citado funcionario el gasto de un pueblo de 1200 habitantes,[66] en 8000 pesos anuales, incluyendo sueldos de administración y de curato, que no existían en tiempo de los jesuítas; y el producto en 40 á 50 pesos por habitante, más 3000 de los ganados.
Suponiendo mil personas de trabajo, para descontar doscientas por enfermas é impedidas, pues todo el mundo se ocupaba desde los cinco años, queda á favor de la producción un saldo de 30.000 pesos en números redondos.
Durante el dominio jesuítico, la población de las reducciones alcanzó á 150.000 habitantes (en 1743) pero no quiero contarla sino por 100.000—aunque ya en 1715 subía á 117.488—para atribuir al resto los niños menores de cinco años y los enfermos, muy escasos por lo demás, dada la salubridad del clima.
Incluyendo en los 40 pesos[67] por habitante, que Doblas señala como el término más bajo de su estima, el producto de los ganados también, resultan 4.000.000 anuales.
Pongamos un millón de gastos. En realidad serían 668.000 pesos exactamente; pero debe agregarse á esta suma los dispendios ocasionados por las fiestas patronales, que calcularé en 1.000 pesos cada una para no regatear, pues Doblas asignaba de 3 á 400 á las más modestas. Á una por pueblo, son 33.000 pesos; quedando todavía más de 300.000 como exceso favorable, al cual puede imputarse las mercaderías y ornamentos importados.
Y bien; con todas estas concesiones, el resultado es estupendo todavía; pues no contando sino desde 1700, á pesar de que antes de esta fecha la producción era ya muy fuerte, salen más de doscientos millones líquidos.
Doblas era comerciante y sabría apreciar bien; pero rebájese su cálculo de producción á la mitad; exclúyase la circunstancia de haber sido verificado durante la decadencia del Imperio, y siempre se tendrá cien millones en sesenta y siete años; lo cual, dado el valor de la moneda en aquella época, representa una sólida explotación.[68]
No es cierto, pues, que el producto de las reducciones, se invirtiera todo en su provecho. Aun asignándoles gastos exagerados, como acaba de verse, éstos no llegan ni con mucho á equipararlo.
La cría de ganados alcanzó en ellas una importancia notable. Los campos de Corrientes y Río Grande se poblaron de estancias, con veinte y treinta mil cabezas cada una; pero como á todos los pueblos correspondía un plantel para el consumo, los del actual territorio de Misiones tenían que importar sal necesariamente. Creo que el sistema de evaporación, mencionado en el Capítulo II, debió de suministrarla para los ganados, siendo muy económico, así como el transporte que se haría en carretas por los excelentes caminos de la época.
Unas reducciones explotaban de preferencia la ganadería y otras la agricultura, en las producciones generales del territorio, siendo las más importantes la yerba y el algodón. Había cañaverales de azúcar, pero no sé que los trapiches suministraran este producto; su rendimiento casi exclusivo, en todo caso, fué de melaza, tal como sucede hoy. El bosque daba también yerba, si de calidad inferior á la hortense, en cantidad mucho mayor; y su transporte se verificaba por los ríos hasta Buenos Aires, en monstruosas jangadas que cargaban hasta cien mil kilogramos y navegaban casi al azar de la corriente.