Había también escuelas en todos los pueblos; pero así éstas como las imprentas, empleaban únicamente el guaraní. Los libros de los PP. eran naturalmente en latín y venían de Europa en su mayor parte.

La uniformidad topográfica de los pueblos, no manifestaba sino leves excepciones.

Una plaza de 125 metros por costado, con la iglesia, el convento y el cementerio en uno de ellos. En los tres restantes, casas generalmente de piedra, con galerías corridas que permitían andar á cubierto.

Desembocaban á la plaza, calles formadas por dos hileras de habitaciones. Cada hilera estaba aislada, siendo variable y hasta irregular el ancho de las calles intermedias sombreadas por naranjos, tanto más necesarios, cuanto que se cocinaba frente á las puertas. Dichas hileras formaban manzanas, lo cual daba al conjunto un aspecto enteramente rectangular. Las calles no tenían veredas.[73]

Fac-símile de la primera página del libro del P. Nieremberg.

(REDUCIDO)

Las casas, con una puerta al frente y una ventana á su lado, constaban, pues, de una sola habitación que no comunicaba con las vecinas. Estas puertas, daban además al muro trasero de las que formaban la hilera subsiguiente, con el objeto, según parece, de evitar el comadreo. Sin embargo, en las ruinas paraguayas de Jesús y de Trinidad, algunas tenían ventanas y aun puertas al fondo.

Construidas con gruesos bloques de piedra tacurú, cuya disposición prismática se aprovechaba, acabando de labrarlas en esta forma, su mortero más común era el barro. Tampoco lo necesitaban mucho, dado el amplio basamento de aquellos sillares, y por lo general no se lo empleaba sino para tomar las junturas.[74]