Cinco años más permanecieron quietos, hasta que Artigas, para hostilizar á los portugueses, organizó en las del Uruguay una montonera de la cual fué jefe inmediato el indio Andrés Tacuarí, á quien la historia conoce por su sobrenombre de Andresito. Estas fuerzas vadearon el Uruguay, y después de varios encuentros afortunados, pusieron sitio á San Borja, capital de las Misiones brasileñas.
Derrotadas y obligadas á levantar el sitio, las represalias fueron terribles.
El marqués de Alegrete y el general Chagas, de feroz memoria, invadieron los siete pueblos argentinos donde Artigas había organizado la montonera y los asolaron bárbaramente, no dejando cosa en pie en cincuenta leguas á la redonda.
El incendio devastó las poblaciones; el saqueo acabó con el último ganado y los postreros restos de la opulencia jesuítica.
En otra parte mencioné el botín, compuesto por los ornamentos religiosos, á los cuales hay que añadir las campanas y hasta las imágenes de madera.
Semejante desgracia tuvo su repercusión en la costa del Paraná; pues para no disgustar á los portugueses, cuya neutralidad convenía á sus designios, el doctor Francia mandó destruir todas las reducciones que la derrota de Belgrano entregó al Gobierno paraguayo, desapareciendo así el núcleo principal del Imperio Jesuítico.
Andresito habíase rehecho entretanto, organizando otra montonera sobre las mismas ruinas, puede decirse, y Chagas vadeó nuevamente el Uruguay para castigarle; pero fué vencido en Apóstoles y obligado á repasar el río. La montonera creció con este éxito, volviéndose tan temible, que el general brasileño cruzó el Uruguay por tercera vez, sitiándola en San Carlos donde se había atrincherado. Sucediéronse terribles combates; hasta que habiendo volado la iglesia, convertida por los guaraníes en polvorín, Chagas tomó la plaza. Esta fué arrasada enteramente, lo propio que Apóstoles y San José, ya saqueados en la expedición del año anterior.
Las ruinas de San Javier albergaban algunos dispersos de Andresito, que acosados por el hambre robaban ganados á los paraguayos de la costa del Paraná; éstos expedicionaron sobre aquel foco de salteo, exterminaron á sus habitantes y concluyeron de arrasar las pocas paredes que habían quedado en pie.