Otras veces, la metáfora es tan natural y al propio tiempo tan novedosa, que el desconcierto causado por aquellas dos cualidades, nos induce a apreciarla como un ripio. Así, en cierta pelea con la partida policial, el gaucho acaba de echar tierra a los ojos de uno de los enemigos, para atacarle indefenso:
Y mientras se sacudía
Refregandosé la vista,
Yo me le juí como lista
Y ahi no más me le afirmé
Diciendolé—Dios te asiste,
Y de un revés lo voltié.
La comparación describe el acto de tenderse a fondo, en una sola línea; es decir, como la lista de una tela; y así explicada, ya no nos resta sino que admirar la agilidad descriptiva, el vigor magnífico de la estrofa.
Veamos reunidos en esta otra los dos elementos.