Esto acarrea una consecuencia racional inesperada, y que resuelve uno de los más obscuros problemas filosóficos.

Sábese, en efecto, que el espacio como extensión infinita é incorpórea, vale decir el movimiento absoluto, puesto que es el movimiento lo que engendra al espacio—es á un tiempo inconcebible é imprescindible para nuestra mente. Si el pensamiento es la energía absoluta, nuestro pensamiento y el espacio son una misma cosa, ó sea éter infinito é incondicionado donde no hay magnitud ni tiempo; resultando así inconcebible como sensación, bien que imprescindible porque constituye nuestro propio ser. Los términos al parecer antagónicos, se hallan así conciliados.

He aquí el espiritualismo y la inmortalidad del alma como soluciones racionales de una concepción cosmogónica, es decir aceptables sin conflicto con la ciencia ó con la razón. Posición intermedia, bien que sólo por razones de distancia, entre el materialismo y el super-naturalismo, la nuestra considera todos los fenómenos como naturales, pero no los deriva totalmente de la materia; y lejos de someterlos á la arbitrariedad del azar ó de un dios ex nihilo, los considera determinados por una existencia anterior. Todas las consecuencias que se derivan del espiritualismo así concebido: solidaridad humana, inmortalidad, causalidad del destino humano, son consecuencias racionales.

NOTAS:

[32] Las diastasas, las toxinas, presentan también analogías sorprendentes con los metales en estado coloidal. Éstos obran sobre ciertos cuerpos (formiatos, alcoholes) como las bacterias específicas de ciertas transformaciones, y son neutralizadas por los mismos cuerpos. El átomo, resumen de las fuerzas primordiales, lleva en sí resumida la potencia de todos los fenómenos, y le basta cambiar de estado para producirlos á todos.

[33] Basta ese contacto, como es sabido, para producir electricidad; y es claro que aquí nos referimos solamente al amor físico en su más simple expresión.

[34] Haremos notar, sin embargo, que el símbolo físico del agua en todas las filosofías antiguas, es la cruz, pero ello viene de que cuando se parte del espacio de tres dimensiones, ó sea de la materia tal como podemos percibirla, el agua ocupa el cuarto lugar; siendo la cruz el símbolo cuaternario. Los dos líneas horizontal y vertical que la componen, simbolizan también el equilibrio material que es la forma líquida, y ésta era otra razón.

[35] He aquí por qué llamamos ideación al ternario superior de nuestro esquema.

[36] Conviene no olvidar que si el pensamiento es la energía primordial, todas las fuerzas (energía manifestada) son pensamiento, es decir seres inteligentes.

[37] El calor, como se recordará, es una forma de la electricidad, que en estado puramente dinámico, es pensamiento.