[38] Si de la nada, nada sale, crear es sólo transformar.

[39] El calor mata ó vivifica según el poder y las circunstancias de su acción. Por otra parte, no hay evolución posible sin errores; es decir progreso, causalidad, fenómenos. La absoluta perfección, ó sea el Dios de las religiones, implica la absoluta esterilidad.

[40] El capítulo siguiente dilucidará esta cuestión.

DÉCIMA LECCIÓN

EL HOMBRE

Cuando vuelve á la vida un universo, los seres que lo poblaron vuelven también á la acción por orden de importancia; es decir que las fuerzas superiores, las más poderosas y activas, son las primeras en reaparecer. Esto explica la formación de los mundos como entidades primordiales, y todo el proceso de conversión de la energía en materia, hasta que ésta alcanza su máximum de estabilidad en el estado sólido. Á partir de este punto, se inicia el proceso inverso, ó de desintegración, y los seres van tendiendo á convertirse en focos de eterización cada vez más activa. Siendo éstos los seres vivos, según se expresó, y figurando entre ellos el hombre como el más activo de todos, alcanzar el estado humano viene á ser para los seres de la Tierra la suprema perfección en este mundo. Conociendo este proceso, la Kábala había dicho muchos siglos antes que los darwinistas: “La piedra se convierte en árbol, el árbol en animal, el animal en hombre y el hombre en espíritu puro”—dando á las cosas un alcance bien superior como se ve.

Sabido esto, es claro que al aparecer en la Tierra la vida animal, su primer representante ha tenido que ser el hombre; y ya hemos visto que vida animal, tanto como vegetal y mineral, hubo en la Tierra desde que ésta entró al estado líquido, bajo formas fluídicas, pero no menos reales por ello.

Antes del proceso cristalino y del vegetativo, en el cual la ciencia va encontrando ya las células poliédricas primordiales, así como los rudimentos de un sistema nervioso[41], el espíritu del hombre existía ya, pero no dividido todavía en seres humanos, sino como una entidad sintética que dirigía la evolución todavía poco diferenciada de su planeta. Era un habitante de la nebulosa ígnea que constituía la Tierra entonces, y engendraba por acción mental, es decir pensaba su descendencia.

Cuando el planeta entró al estado líquido, aparecieron en su seno los cristales blandos, los rudimentos de existencias filamentosas que constituirían la vegetación, y las primeras células animales. El ser planetario se había dividido en existencias. De éstas, las destinadas á formar el reino animal, eran inteligencias, es decir hombres, según correspondía, dado que el hombre era la fuerza superior en la animalidad, y debía, por lo tanto, aparecer primero. Todas las formas animales son derivados de aquellas células, ideaciones suyas, y la escala darwiniana se encuentra así totalmente invertida[42]. El hombre es, pues, el progenitor del reino animal, explicando esto por qué repite las características de la serie zoológica durante su vida intrauterina; argumento el más poderoso del darwinismo para demostrar que es la síntesis inversa de toda esa serie.