Pero Darwin, urgido por imperativos teológicos, habló del hombre como del “coronamiento de la escala animal”. La lógica anuló bien pronto esa capitulación con la Biblia; pues si el hombre no era más que un peldaño, no había razón para que fuese el superior y el último, sino uno de tantos. Así, pues, el mono antecesor se ha convertido en un primo, lo cual ya es algo.
Sin embargo, hay un hecho bastante significativo; y es que el esqueleto ó los rastros del hombre, coexisten con todas las formas de vertebrados extinguidos y en todas las épocas geológicas, sin mostrar alteraciones muy sensibles en su estructura y en su tamaño, lo cual revela, cuando menos, una estabilidad superior como especie; y teniendo en cuenta que semejante estabilidad no puede provenir sino de una organización superior á la de los coetáneos ya desaparecidos, así como que se requiere una antigüedad muy grande para fijar los caracteres de una especie cuanto más complejos son[43], parece que la misma ciencia va demostrando la situación anterior del hombre en el reino animal.
La división que hemos debido establecer entre el hombre como espíritu de la tierra y como ser material, requiere también una explicación.
En efecto, como espíritu de la tierra, ó sea en su carácter de fuerza sintética animadora, el hombre es el progenitor de todos los reinos; pero como ser material, es decir dividido en mónadas[44] activas, se circunscribe al reino animal. Eso sí, como la ley de vida es una sola, al constituir el hombre la fuerza superior de la animalidad, aparece primero.
Teniendo en cuenta, sin embargo, que la vida de los planetas concluye dentro del ciclo de todo el universo, del propio modo que la del hombre dentro de la vida del planeta, muchas de esas mónadas quedan detenidas en su evolución hacia la espiritualidad, cuando el planeta sucumbe. ¿Qué sucede entonces?
Hemos dicho que los astros de un sistema conservan relaciones magnéticas y luminosas, pudiendo agregar ahora que dichas relaciones son influencias evidentes, pues la ciencia dice que basta la incidencia de un rayo de luz sobre un punto para provocar múltiples fenómenos.
Siendo ello así, la energía de esas mónadas pasa á otros astros que se encuentran en evolución correlativa, para seguir su ciclo en ellos, y de aquí que el pretendido absurdo de la astrología sea sostenido por talentos superiores.
Callaremos, no obstante, lo que pasa, para limitarnos á decir lo que pasó, continuando así nuestras descripciones.
Al entrar la Tierra en el estado líquido, la vida orgánica de la luna había concluido su ciclo de manifestación, y las mónadas de sus seres inteligentes debieron pasar á incorporarse en las nuestras. No lo hicieron como puras energías, sino también como agregados de materia sutil que se infiltró en la masa de la gigantesca célula humana á modo de influencia magnética, comunicándole nuevas propiedades, de la manera que el imán al acero. De aquí las relaciones magnéticas que el estado líquido conserva con la luna bajo la forma de mareas.