—Porque Hanslick, cuya competencia critica no me negarás, sostiene que la música no expresa nada, que sólo evoca sentimientos.
—¿Eso dice Hanslick? Pues bien, yo sostengo sin ser ningún critico alemán, que la música es la expresión matemática del alma.
—Palabras...
—No, hechos perfectamente demostrables. Si multiplicas el semidiámetro del mundo por 36, obtienes las cinco escalas musicales de Platón, correspondientes á los cinco sentidos.
—¿Y por qué 36?
—Hay dos razones; una matemática, la otra psíquica. Según la primera, se necesita treinta y seis números para llenar los intervalos de las octavas, las cuartas y las quintas hasta 27, con números armónicos.
—¿Y por qué 27?
—Porque 27 es la suma de los números cubos 1 y 8; de los lineales 2 y 3; y de los planos 4 y 9—es decir, de las bases matemáticas del universo. La razón psíquica consiste en que ese número 36, total de los números armónicos, representa, además, el de las emociones humanas.
—¿Cómo?
—El veneciano Gozzi, Gœthe y Schiller, afirmaban que no deben existir sino treinta y seis emociones dramáticas. Un erudito, J. Polti, demostró el año 94, si no me equivoco, que la cantidad era exacta y que el número de emociones humanas no pasaba de treinta y seis.