—¿Y qué será ese cuerpo, doctor?

Con gran sorpresa mía, el sabio sonrió satisfecho.

—Ese cuerpo... ¡hum! Ese cuerpo bien podría ser pensamiento volatilizado.

Di un salto en la silla, pero el doctor me impuso silencio con un ademán.

—¿Por qué no? siguió diciendo. El cerebro irradia pensamiento en forma de fuerza mecánica, habiendo grandes probabilidades de que lo haga también en forma fluídica. La llama amarilla no sería en este caso más que el producto de la combustión cerebral, y la analogía de su espectro con el de la substancia descubierta por mí, me hace creer que sean algo idéntico. Figúrese por el consumo diario de pensamiento, la enorme irradiación que debe producirse. ¿Qué se harían, efectivamente, los pensamientos inútiles ó extraños, las creaciones de los imaginativos, los éxtasis de los místicos, los ensueños de los histéricos, los proyectos de los ilógicos, todas esas fuerzas cuya acción no se manifiesta por falta de aplicación inmediata? Los astrólogos decían que los pensamientos viven en la luz astral, como fuerzas latentes susceptibles de actuar en determinadas condiciones. ¿No sería esto una intuición del fenómeno que la ciencia está en camino de descubrir? Por lo demás, el pensamiento como entidad psíquica es inmaterial; pero sus manifestaciones deben ser fluídicas, y esto es quizás lo que he llegado á obtener como un producto de laboratorio. Á horcajadas en su teoría, el doctor lanzábase audazmente por aquellas regiones, desarrollando una temible lógica á la que yo intentaba resistir en vano.

—He dado á mi cuerpo el nombre de Psychon, concluyó; ya comprende por qué. Mañana intentaremos una experiencia: licuaremos el pensamiento. (El doctor me agregaba, como se ve, á sus experimentos, y me guardé bien de rehusar). Después calcularemos si es posible realizar su oclusión en algún metal, y acuñaremos medallas psíquicas. Medallas de genio, de poesía, de audacia, de tristeza... Luego determinaremos su sitio en la atmósfera, llamando “psicósfera”, si se permite la expresión, la capa correspondiente... Hasta mañana á las dos, entonces, y veremos lo que resulta de todo esto.

Á las dos en punto estábamos en obra.

El doctor me enseñó su nuevo aparato. Consistía en tres espirales concéntricos formados por tubos de cobre y comunicados entre sí. El gas desembocaba en la espiral exterior, bajo una presión de seiscientas cuarenta y tres atmósferas, y una temperatura de -136° obtenida por la evaporación del etileno según el sistema circulatorio de Pictet; recorriendo las otras dos serpentinas, iba á distenderse en la extremidad inferior de la espiral interna, y atravesando sucesivamente los compartimientos anulares en que se encontraban aquéllas, desembocaba cerca de su punto de partida en el extremo superior de la segunda. El aparato medía en conjunto 0,70m de altura por 0,175m de diámetro. La distensión del fluido compresionado, ocasionaba el descenso de temperatura requerido para su licuación, por el método llamado de la cascada, también perteneciente al profesor Pictet.

La experiencia comenzó, previos los trámites del caso que sólo interesarían á los profesionales, siendo por ello suprimidos.