Calló indecisa la jóven. Reinaldo en tanto íbase acercando, y prorumpió en amenazas contra el Sarraceno luego que conoció su caballo, y sobre todo cuando pudo distinguir el semblante angelical de la mujer que habia inflamado su corazon.
Lo que sucedió entre los dos soberbios rivales servirá de materia para el canto siguiente.
CANTO II.
Un ermitaño, valiéndose de fingidos mensajeros, hace que los dos rivales suspendan el combate.—Reinaldo acude donde le llama el Amor, pero el emperador Carlos le envia á Inglaterra.—Buscando la atrevida Bradamante á su amado Rugiero, encuentra en su lugar al traidor Pinabel de Maguncia, por quien casi perece sepultada.
¡Oh injustisimo amor! ¿Por qué te muestras tan avaro en hacer que simpaticen nuestros deseos? ¿Por qué te complace ¡oh pérfido! la desunion de dos corazones? ¿Por qué en vez de permitirnos ir por el vado fácil y tranquilo, nos arrastras á los abismos más profundos? ¿Por qué, en fin, me separas de la que me ama, mientras me obligas á amar á la que me aborrece?
Haces que Reinaldo adore la belleza de Angélica, cuando á la jóven le parece el guerrero odioso y desagradable; al paso que cuando ella le amaba y él era agradable á sus ojos, llevó hasta el último límite su despego hácia la doncella. Reinaldo se aflige ahora y se desespera en vano; pues Angélica le odia de tal modo, que preferiria la muerte á su amor.
Reinaldo dirigióse al Sarraceno con gran arrogancia, diciéndole:
—Ladron, baja de mi caballo, pues no puedo sufrir que me arrebaten lo que es mio, ni al que á tanto se atreve, deja de costarle caro. Tambien intento apoderarme de esa dama, pues vergüenza seria dejarla en tu poder: tan hermosa doncella y caballo tan perfecto no son dignos de un ladron como tú.
—Mientes, replica el Sarraceno con igual arrogancia: el dictado de ladron se te podria aplicar con más verdad que á mí, á juzgar por lo que de tí dice la fama. Pronto se verá quien de ambos es más digno de la dama y del corcel; si bien, en cuanto á ella, convengo contigo que no hay en el mundo nada que pueda comparársele.