¡Oh invencion horrible y criminal! ¿Cómo pudiste hallar cabida en el corazon del hombre? Tú has destruido la gloria militar; tú has arrebatado su honor á la carrera de las armas; por tí se ven reducidos á tal extremo el valor y la virtud, que con frecuencia aparece el malvado preferido y antepuesto al bueno: por tí no son ya una ventaja en las batallas la audacia y la gallardía. Tú has sido y serás causa de la sangrienta muerte de tantos señores y tantos caballeros antes de que concluya esta guerra, origen del llanto de todo el mundo, y de Italia especialmente. Por esto he dicho, y estoy seguro de no equivocarme, que el inventor de tan abominable artificio fué el más cruel y el más perverso de cuantos hayan inventado artificios crueles y perversos, y creeré que Dios, en justa y eterna venganza de tal infamia, encerrará su alma maldita en el profundo abismo, junto á la del maldito Judas.

Pero sigamos al paladin Orlando, á quien aguijonea cada vez más el deseo de llegar á la isla de Ebuda, donde las mujeres más hermosas, son entregadas á la voracidad de un mónstruo marino.

Cuanta más prisa tenia el caballero, tanta menos parecia tener el viento, y ora soplara por la izquierda, ora por la derecha, ó bien por la popa, era siempre tan flojo que la nave iba navegando con suma lentitud: á veces reinaba una desesperadora calma chicha, y otras agitábanse las olas con tal violencia que obligaban al bajel á retroceder ó á ir dando bordadas, como si Dios, en sus altos juicios, hubiera dispuesto que Orlando no llegara á la isla antes que el rey de Hibernia, á fin de que más fácilmente sucediera lo que tendreis ocasion de oir tras breves páginas.

—Aproxímate á la isla, dijo Orlando al piloto: quédate en la costa y dame la lancha; pues intento ir al escollo sin compañía alguna. Me llevaré el cable más grueso, y el ancla más grande que haya en el buque; pronto verás el uso que pretendo hacer de ellos, si llego á encontrarme frente á frente con aquel mónstruo.

Hizo botar al agua el esquife, al que se trasbordó con todo lo necesario para su proyecto: dejó en el buque todas sus armas, excepto la espada, y bogó completamente solo en demanda del escollo, dirigiendo los remos hácia el pecho, y vuelto de espaldas al sitio donde queria desembarcar, del mismo modo que el cangrejo suele salir á la orilla desde el fondo del mar. Era la hora en que la bella Aurora habia extendido sus dorados cabellos ante la presencia del Sol, aun medio oculto, á despecho del enojo del celoso Titon.

Cuando llegó como á un tiro de piedra del desnudo escollo parecióle oir á intervalos lastimosos quejidos, que llegaban á sus oidos bastante debilitados por la distancia. Volvióse enteramente hácia la izquierda, y fijando sus ojos en la rompiente de las olas, vió una mujer desnuda, atada á un tronco, y cuyos piés bañaban las aguas. Como se encontraba aun algo distante, y como aquella mujer tenia la cabeza inclinada, no pudo distinguir sus facciones. Empezó entonces á remar con más fuerza, é iba avanzando con el deseo de cerciorarse de quien ser pudiera, cuando de pronto oyó un terrible mugido que procedia del mar, haciendo retumbar con su eco las cavernas y las selvas. Levantáronse las olas, y apareció en seguida el mónstruo, bajo cuya masa enorme casi desaparecia el agua.

Cual negra nube que, llevando en su seno la lluvia y la tempestad, desciende sobre un oscuro valle, rodeándolo todo de tinieblas más densas que las de la misma noche y ocultando la luz del dia, así se adelantó la horrenda fiera, cubriendo con su cuerpo tanto espacio de mar, que podia decirse que lo abarcaba todo. Estremeciéronse las ondas, mientras que Orlando, recogido en sí mismo, la contempló con mirada serena y altiva, sin perder el color ni sentir miedo en su corazon; y como aquel que está firmemente decidido á llevar á cabo un propósito, se adelantó rápidamente, colocando el esquife entre la orca y la jóven, á fin de que su cuerpo la sirviera de antemural y tambien para poder atacar á aquella con más seguridad. Dejando su espada tranquila en la vaina, empuñó el áncora que estaba atada al cable y esperó con gran serenidad al terrible mónstruo. En cuanto la orca se hubo aproximado y vió tan cerca de sí á Orlando en la lancha, abrió para devorarle su inmensa boca, por la cual cabria con facilidad un hombre á caballo. Aprovechando aquella ocasion, precipitóse Orlando entre las fauces del mónstruo marino con su cable, con su áncora, y aun creo que con su lancha, é hincóle los dos picos de la segunda en la lengua y en el paladar de suerte que le imposibilitó por completo el movimiento de las desmesuradas mandíbulas, del mismo modo que los mineros colocan barras de hierro para sostener las paredes de las galerías que van abriendo, á fin de preservarse de los hundimientos de estas mientras atienden desprevenidos á su trabajo. Los dos extremos del áncora estaban tan separados entre sí que para llegar al superior habria tenido el guerrero que dar un salto.

Una vez puesto aquel puntal, y seguro ya de que la fiera no podia cerrar la boca, desnudó Orlando la espada y empezó á dar tajos y reveses á diestro y siniestro por aquel oscuro antro. Del mismo modo que pelean los sitiados cuando el enemigo ha llegado á penetrar en la fortaleza, se defendia la orca como podia del paladin que tenia en su garganta. Vencida por el dolor, unas veces saltaba fuera del agua descubriendo sus lomos escamosos; otras se hundia entre las olas removiendo la arena con su voluminoso vientre y haciéndola salir á la superficie. Orlando, al verse expuesto á perecer ahogado por las frecuentes inmersiones del cetáceo, salió nadando de la boca de este y dejando en ella bien clavada el áncora, pero sin soltar el cable que la sujetaba, llegó á nado hasta el escollo: una vez en terreno firme, fué tirando del cable y atrayendo hácia sí el áncora que continuaba clavándose cada vez más en las fauces del mónstruo, el cual se vió obligado á obedecer al impulso de Orlando y á ceder á aquella fuerza superior á otra cualquiera; fuerza que con una sola sacudida era capaz de levantar más peso que con diez un cabrestante.

La orca, arrastrada á pesar suyo por el poderoso brazo