»Aquel rumor y aquella música llegaron á oidos de Argía, que se mostró curiosa de presenciar tan raro espectáculo, y mandó á decir al romero que fuera con el perro á su morada. Comenzaba á cumplirse el destino del doctor. Adonio empezó de nuevo á ordenar al perrillo diferentes juegos, y este, obediente á su voz, ejecutó una porcion de bailes del país y extranjeros, con los movimientos, las actitudes y los pasos más apropiados; despues hizo todo cuanto le mandó su amo, con tanta atencion y dando pruebas de tan extraordinaria inteligencia, que los circunstantes, asombrados, no se atrevian á pestañear ni á respirar siquiera. Quedóse Argía en extremo prendada de aquel donoso animalejo; no tardó en sentir un vivo deseo de poseerlo, y encargó á su nodriza que ofreciera al astuto peregrino una cantidad no despreciable por su adquisicion.
—»Aunque tuvieseis más tesoros de los que pueden saciar la avaricia de la mujer, respondió el fingido romero, no serian bastantes á pagar una sola pata de este perro.»
El perrillo empezó á ejecutar diferentes bailes.
(Canto XLIII.)
»Y para demostrar la verdad de sus palabras, hízose á un lado con la nodriza, y ordenó al diminuto can que diese á aquella mujer una moneda de oro, como prueba de su galantería. Sacudióse el perrillo; y dejó caer una moneda, y Adonio, volviéndose á la nodriza, le dijo que la recogiese, añadiendo:
—»¿Crees que podré dar por ningun precio un animal tan bello y útil como este? No le mando una sola cosa, sea la que quiera, que no me la procure en seguida, y lo mismo sacude perlas que anillos, y que los trajes más ricos y suntuosos. Sin embargo, dí á tu señora, que estoy dispuesto á cedérselo, pero no á cambio de oro; pues un animal como ese no puede pagarse con dinero, sino á condicion de dormir una noche con ella.
»Así diciendo, le entregó una perla que acababa de dejar caer el perrillo para que se la ofreciese á su señora. Esta proposicion pareció á la nodriza más ventajosa que un gasto de diez ó veinte ducados. Acercóse á su ama, y trasladándole la propuesta del peregrino, la excitó con vehemencia á que no titubeara en adquirir aquel perro, ya que podia lograrlo por un precio, que aunque se dé, no se pierde. La hermosa Argía se mostró en un principio esquiva, en parte por no faltar á su esposo, y en parte por creer imposible todo cuanto oia con respecto al perro; pero la nodriza no cesó de acosarla y de apurarla, recordándole que difícilmente volveria á hallar una fortuna tan grande, y al fin consiguió que Argía consintiera en ver otro dia al perro en su propia estancia, sin tantos testigos de vista.
»Esta nueva presentacion de Adonio fué tan fatal como desastrosa para el mísero doctor. El perrillo produjo doblas á centenares, sartas de perlas, y toda clase de piedras preciosas, cuya vista conmovió el altivo corazon de la dama, la cual perdió toda su firmeza al saber que el peregrino era el mismo caballero que con tanta constancia la habia amado. Las instigaciones de su infame nodriza, los ruegos y la presencia de su amante, las riquezas que este le ofrecia, la prolongada ausencia del mísero doctor, la esperanza del misterio, todo en fin se conjuró tan violentamente en contra de sus honestos propósitos, que por último aceptó el hermoso perro, abandonándose en cambio en brazos de su amante.
»Adonio disfrutó á su placer de los encantos de su bella dama, á quien la hada inspiró un amor tan ferviente hácia su galan, que no podia permanecer un momento separada de él. El Sol recorrió los doce signos del Zodiaco antes de que el Juez obtuviese licencia para regresar; al fin volvió, pero poseido de las más crueles sospechas, á causa de la prediccion del astrólogo. Al llegar á su patria, su primera visita fué para él, preguntándole con grande ansiedad si su mujer le habia sido infiel, ó si le habia guardado su amor y su fé. El adivino trazó por medio de sus figuras una representacion del polo con todos sus planetas y constelaciones, y despues le respondió que habia sucedido lo que tanto temia, cumpliéndose su vaticinio, y que su esposa se habia entregado á un amante, seducida por espléndidas riquezas.
»Una lanza ó un venablo que se le hubiese clavado en el corazon no habrian podido causarle una herida tan cruel. Para convencerse más y más de su desgracia, á pesar de que daba entero crédito á las afirmaciones del astrólogo, fué en busca de la nodriza, y llamándola aparte, procuró sonsacarla con cautelosa maña, empleando grandes rodeos y circunloquios para ver si descubria el menor indicio de la verdad; pero á pesar de todos sus esfuerzos y destreza, no pudo obtener el más mínimo dato, porque ella, acostumbrada al fingimiento, lo estuvo negando todo con impenetrable rostro, y á fuerza de estudio y de astucia, supo mantener á su señor en una irritante perplegidad por espacio de más de un mes.