Aquella entrevista no permaneció tan secreta, que no llegara al poco tiempo á noticia de todos, y en el mismo dia tuvieron conocimiento de ella el anciano Amon y su esposa Beatriz. La irritacion y el enojo que les causó el atrevido paso de su hija, fueron indescriptibles; porque vieron que su propósito no era otro que el de elegir á Rugiero y rechazar á Leon. Atendiendo diligentes á impedir que se realizara el intento que habia formado, la sacaron engañada de la corte, y se retiraron con ella á Roca-Fuerte, castillo que Cárlos habia dado pocos dias antes á Amon, el cual estaba situado entre Perpiñan y Carcasona, en un punto importante de la orilla del mar. Allí la tuvieron encerrada como en una prision, con designio de enviarla cuanto antes á Oriente, alejándola de buen ó mal grado de Rugiero, para obligarla á contraer su enlace con Leon.

La valerosa doncella, no menos sumisa que animosa y fuerte, permanecia resignada y obediente á la voluntad de su padre, á pesar de que no le habian puesto centinelas de vista y podia entrar y salir libremente del castillo: sin embargo, estaba firmemente resuelta á sufrir la prision, los tormentos más crueles y hasta la muerte, antes que renunciar á su Rugiero.

Al verse Reinaldo separado de su hermana á causa del ardid de Amon, y conociendo que ya no podria disponer de ella, con lo cual quedaba imposibilitado de cumplir su palabra, se quejó amargamente de su padre, hablando de él en términos exentos de todo respeto filial; pero el Duque se cuidaba muy poco de tales quejas, y seguia adelante con los proyectos que habia formado sobre el porvenir de su hija.

Informado Rugiero de este nuevo contratiempo, temió perder para siempre á su amada y que Leon alcanzaria voluntaria ó forzosamente su mano, si continuaba mucho tiempo vivo: obligado por tan cruel alternativa, se propuso secreta y resueltamente inmolar á su rival, convirtiéndole de Augusto en Divino, y arrancar la vida juntamente con el trono al padre y al hijo, si sus esperanzas no quedaban defraudadas. Vistióse las armas que fueron del troyano Héctor y despues de Mandricardo, hizo ensillar al excelente Frontino, y cambió de cimera, de escudo y de sobrevesta. No juzgó conveniente ostentar en su proyectada empresa el águila blanca en campo azul, y en su lugar puso por divisa en su escudo un unicornio blanco como la azucena en campo rojo. Eligió por única compañía al más fiel de sus escuderos, con expreso encargo de que no revelara en ocasion alguna el nombre de su señor.

Pasó el Mosa y el Rin, atravesó las provincias de Austria y de Hungría, bajó por la orilla derecha del Ister[181], y tan de prisa anduvo, que al poco tiempo llegó á Belgrado. Cerca del sitio en que el Save se precipita en el Danubio y marcha unido con él á desembocar en más anchuroso mar, vió Rugiero un numeroso ejército acampado en tiendas y pabellones en torno de la enseña imperial; pues Constantino intentaba recobrar aquella ciudad que le habian conquistado los búlgaros. El mismo Emperador, teniendo al lado á su hijo, mandaba en persona cuantas tropas habia podido reunir en todo el Imperio. En frente de él tenia el ejército búlgaro, que ocupaba la ciudad y toda la montaña que la rodea, extendiéndose hasta la misma orilla del Save, cuyas aguas acudian á beber las huestes de una y otra nacion.

Rugiero llegó en el momento en que los griegos se esforzaban en echar un puente sobre el rio, mientras los búlgaros procuraban impedirlo, y encontró á los dos ejércitos batiéndose con encarnizamiento.

El número de los griegos era cuádruple al de sus contrarios, y además tenian embarcaciones con puentes para facilitar el paso del rio, que estaban empeñados en atravesar á viva fuerza. Mientras una parte del ejército imperial se ocupaba en esta operacion, Leon se alejó del rio por medio de un movimiento simulado, y dando un gran rodeo por el campo, retrocedió de nuevo, echó los puentes en la orilla opuesta y pasó por ellos con toda rapidez, seguido de mas de veinte mil soldados, entre infantes y ginetes, con los cuales marchó por la orilla del rio, y cayó furiosamente sobre uno de los flancos del enemigo. Tan luego como el Emperador vió aparecer á su hijo por la margen opuesta, uniendo puentes á puentes y naves á naves, pasó á su vez con el resto de sus tropas.

Vatrano, jefe y rey de los búlgaros, guerrero de gran prez, prudente y animoso, se esforzaba inútilmente en contener por todas partes un ataque tan impetuoso, cuando oprimiéndole Leon con su robusta mano, le hizo caer debajo del caballo; y como no quiso rendirse prisionero, perdió la vida atravesado por mil espadas. Los búlgaros habian hecho frente hasta entonces; pero apenas se vieron privados de su jefe, se apresuraron á huir de la tormenta que en torno suyo descargaba cada vez más amenazadora, volviendo las espaldas hácia donde antes tenian el rostro.

Rugiero, que habia pasado el rio confundido entre los griegos, al ver aquella derrota, se dispuso á socorrer á los búlgaros, sin pararse á reflexionar en lo que hacia, é impulsado tan solo por su ódio á Constantino, ó más bien á su hijo Leon. Picó á Frontino, que se asemejaba al viento en su velocidad, y se adelantó á todos los ginetes, colocándose en medio de los búlgaros, que poseidos de un terror pánico, huian al monte, abandonando la llanura. Consiguió detener á muchos de ellos, llevólos de nuevo al combate, enristró su lanza, y lanzó su caballo contra los griegos con tan terrible aspecto, que Marte y Júpiter se estremecieron de espanto en su olímpica morada.

Fijó la vista, con preferencia á los otros, en un caballero que llevaba bordada en su purpúrea sobrevesta una mazorca de seda y oro, con todo su tronco, al parecer de mijo: era hijo de una hermana de Constantino, y su tio le amaba con paternal ternura: Rugiero le hizo pedazos, cual si fueran de vidrio, el escudo y la coraza, y el hierro de su lanza le salió más de un palmo por la espalda. Despues de dejar muerto á aquel guerrero, empuñó su Balisarda, se precipitó sobre el escuadron más próximo, y repartiendo cuchilladas á diestro y siniestro, empezó á hendir troncos y cabezas, á atravesar pechos y costados y á segar gargantas.