Esta imposibilidad de someter sus facultades a una dirección fija y encaminarlas hacia un fin impuesto por la reflexión, manifiéstase, en lo literario, en el frecuente fracaso de Lope en las líneas generales de sus obras, sobre todo en sus poemas eruditos. Sabido es que la personalidad artística de Lope de Vega presenta doble aspecto: el de poeta popular y nacional y el de poeta erudito y universal. Lope aspiró, sobre todo en los dos primeros tercios de su vida, y la riqueza de sus dotes le daba pleno derecho a ello, a ser un poeta universal y clásico, cuya gloria igualara, si no oscureciera, a la de los grandes poetas del Renacimiento italiano. El Ariosto, el Tasso, Petrarca, eran el permanente norte de su emulación. Sin embargo, aun poseyendo el inagotable torrente de inspiración de todos sabido, aun siendo dueño de un muy grande saber de humanidades, de una erudición muy extensa, jamás acertó Lope a componer obra alguna de este tipo que pueda decirse afortunada. Sólo los historiadores de la literatura se acordarían hoy de Lope si no hubiera escrito más que la Jerusalem, la Angélica o los Triunfos. Esos poemas, en general fríos y pedantescos, se salvan solamente por aquellos pasajes en que la espontánea inspiración del poeta rompe el molde académico y se derrama en encendidas expresiones líricas.
En cambio, cuando Lope, en vez de buscar sus temas en el mundo clásico (siempre ajeno a su temperamento) los tomó del ambiente real que le rodeaba o de la historia de España, viva para él como lo que veían sus ojos, entonces acertó a crear el gran número de obras poéticas que, aunque no sin defectos, lo han colocado en un puesto único y solo en las letras españolas. Como poeta popular Lope tiene tanta vida como la naturaleza misma. Es indecible su sentimiento de la realidad; penetra con la mayor agudeza en el verdadero ser de los individuos colocados en las situaciones más opuestas y pone en sus labios la palabra justa en que aquél se nos revele. Cuanto es tocado por su pluma en sus abundantísimos momentos felices queda impregnado de esa indecible cualidad, sólo poseída por las más altas obras de arte, con la cual provocan en nosotros una sensación como de vida. Tieck, en una nota inédita existente en la Biblioteca de Berlín entre los papeles del poeta, publicada por el señor Bertrand en su libro L. Tieck et le théâtre espagnol, define la obra de Lope con estas tres palabras: "Naturalidad, verdad, objetividad." Lope "es la naturaleza misma—dice el poeta Grillparzer—; sólo las palabras son dadas por el arte... Es ilimitado en él el sentimiento de lo natural. En mitad del pasaje de peor gusto se presentan auténticos testimonios de ello". "Las comedias de Lope—es el prologuista de la Parte XXIII el que habla—son de la naturaleza, y las otras, de la industria."
No hay palabras para expresar cómo conocía y sentía Lope las cosas españolas. La historia verdadera y legendaria del país en general y de cada comarca y cada ciudad en particular; los usos y costumbres de cada región: todas las singularidades de la tradición y de la vida española de su tiempo estaban siempre presentes y vivas en el dilatado ámbito de su memoria. "Lope hace revivir en la escena—dice el señor Menéndez Pidal en L'epopée castillane—todos los tipos, las costumbres, las regiones de España, que jamás ha conocido nadie tan íntimamente como él, y al mismo tiempo vuelve a tratar por su cuenta los asuntos de la antigua epopeya, reconociendo en ella la poesía hereditaria de la raza española." De este modo, por haber infundido nueva vida poética a la historia patria; por recoger en su obra cuanto viene a constituír la vida española del momento, en lo grande y lo pequeño, lo general y lo particular, álzase Lope en nuestra historia literaria como supremo poeta nacional. Por él y su teatro anúdanse las viejas tradiciones medievales españolas con la vida del siglo xvii y no se da en España—como hace notar el señor Morel Fatio—el divorcio del espíritu nuevo con el de la Edad Media, que se operaba en Francia al mismo tiempo.
Si Lope sabe sentir y apreciar la épica española y hace de su teatro como una continuación del romancero, no es menos asombroso su sentimiento de la lírica popular. "Su corazón—dice el señor Pidal en la obra citada—ha permanecido siempre abierto a la inspiración ingenua y ruda de los humildes: los cantos populares despiertan en él el eco fiel y armonioso de la poesía más profunda." A cada paso en el teatro de Lope, ya un romance o ya una canción del pueblo, deliciosamente escogida, vienen a realizar un altísimo efecto dramático, y no faltan en su obra comedias construídas sobre la base de un canto popular.
Mas con todo ello, Lope, poeta nacional por excelencia, no está plenamente representado por obra alguna. No hay, en cuanto de su teatro ha llegado a nosotros, ninguna comedia, por bellísima que sea, que podamos llamar perfecta. La precipitación en el modo de trabajar (representantes y público no le permitían descanso alguno), su facilidad fabulosa, la falta de reflexión y de dominio sobre sus facultades, han perjudicado a esta parte de su producción, del mismo modo que a sus obras de poesía erudita. Aquí como allí, los detalles son superiores al conjunto, por bello que éste sea. Muy agudamente hizo ya observar Grillparzer que lo excelente e incomparable de Lope no suele estar en los temas capitales, sino en cosas accesorias. "En eso es inimitable y, junto con la excelencia del diálogo, infunde a su obra una vida que nos atrae hasta cuando no podemos aprobar el conjunto."
De este modo, a Lope no podemos juzgarlo por media docena de obras. Hay que tratar de columbrar, hasta donde sea posible, la masa gigantesca de su producción, en la cual, borrándose en la magnificencia total las faltas aisladas, se nos manifiesta el poeta como un ser casi sobrehumano, dueño de una potencia de crear representaciones artísticas dotada de una fuerza, delicadeza, diversidad y abundancia de tonos y matices, que acaso no haya tenido jamás su igual. Lope, entonces, semeja, no ya un hombre, sino una fuerza de la naturaleza. Propia de la naturaleza es su manera de crear: no se encamina reflexivamente hacia el propuesto fin con el mínimo esfuerzo y la mayor economía de energías; como simientes llevadas por el viento, deja desperdigarse profusamente sus facultades creadoras y éstas producen más de un millar de obras, más o menos imperfectas, en vez de esforzarse en lograr una sin falta. "Los dos versos siguientes—dice Grillparzer—podrían ser colocados como lema al frente de las obras completas de Lope de Vega:
Tristán.—Tiras, pero no reparas.
Teodoro.—Los diestros lo hazen así.
El Perro del hortelano, acto I."
Tirar sin reparar, a modo de una fuerza natural que no teme se agote nunca el caudal de que dispone, fué siempre el carácter de la creación artística de Lope.
No podemos repetir aquí algunas de las conocidas anécdotas que muestran la rapidez increíble con que escribía Lope de Vega. No debe ser muy exagerado lo que dice en el Arte nuevo de haber escrito comedias en veinticuatro horas. Pero aunque otro dato no tuviéramos, el propio número, que parece fábula, de las obras de Lope, nos haría ver la facilidad pasmosa de su poder creador. Lope mismo, en la Egloga a Claudio y en La Moza de cántaro dice haber escrito mil y quinientas comedias. Montalván hace subir este número a mil ochocientas y cuatrocientos autos. No pueden, ni mucho menos, admitirse cifras tan altas. Sin embargo, a pesar de que, como sabemos, gran parte del teatro de Lope está irreparablemente perdido, nos son conocidos los títulos de setecientas veintiséis comedias y de cuarenta y siete autos, y en la actualidad aún poseemos muy cerca de quinientas de las primeras.
"Si hubo alguna vez un poeta—dice von Schack en su Historia—a quien su nación no sólo debe un drama sino una literatura dramática completa, lo fué, sin duda, nuestro español." En Lope, realmente, tenemos que saludar al fundador de nuestro teatro nacional. No es muy exagerado el prologuista de la Parte XXIII al decir que "antes de sí no halló a quién imitar, y después no hubo quien enteramente le imitara". Ni lo es Montalván cuando, hablando de las comedias en su Fama póstuma, dice: "Sepan todos que su perfección se debe sólo a su talento, pues las halló rústicas y las hizo damas, y cuantos después acá las han escrito (aunque alguno bárbaramente lo niegue) ha sido rigiéndose por esta pauta." "Lope—dice el señor Menéndez Pidal en la obra citada—supo encontrar la forma de comedia más adaptada al gusto nacional... Fijó el tipo y norma a los cuales podían recurrir con seguridad los genios de segundo orden, sin gastar ya sus fuerzas en tentativas divergentes, y así, en vez del desparramamiento anterior, el teatro conoció desde ahora e impuso a sus secuaces una fuerte unidad de gusto y orientación."