La ocasion se presentaba muy propicia para hacer renacer en los criollos las pasadas pretensiones, y conjurándose nuevamente, atrajeron á su partido á los principales jefes y oficiales de las tropas que guarnecian la ciudad; y hasta el cabildo, que estaba compuesto de españoles y americanos casi por partes iguales, se prestó á provocar una discusion con el capitan general.

El dia siguiente, con motivo de la asistencia á la celebracion de los oficios de Jueves Santo, el ayuntamiento, fiel á su promesa, pasó una invitacion á Emparan, quien se presentó en la casa capitular y encontró al cuerpo municipal constituido en sesion extraordinaria, arrogándose agenas facultades y tratando del peligro que corria la América, de la política que debia adoptarse en aquellas circunstancias y de la perentoria necesidad de organizar un gobierno propio que la pusiera á cubierto de la anarquia.

Emparan, despues de haber eludido hábilmente las consideraciones y dificultades que el ayuntamiento le presentaba, concluyó declarando: "que seria inconvenientísima toda innovacion," y salió de alli dirigiéndose luego hácia la iglesia metropolitana. Pero los conspiradores le siguen, le interceptan el paso, y uno de ellos, llamado Francisco Sálias, auxiliado del populacho, le obliga á volver á la casa capitular sin que los cuerpos de guardia que encuentran al paso opongan la menor resistencia, sino que, antes por el contrario, manifiestan su actitud amenazadora negando á su jefe los honores de ordenanza.

Emparan tuvo que asentir á la idea de formar una Junta suprema; pero habiendo tenido los capitulares la debilidad de acceder por su parte á que este siguiera ocupando al frente de ella el cargo de Presidente, un doctor y canónigo de la catedral de Carácas, el Señor Don José Cortés Madariaga, que se anunció en el ayuntamiento como diputado del clero y del pueblo, en un interesante y elocuente discurso pidió la deposicion del capitan general.

En tan críticas circunstancias, Emparan, presentándose en el balcon á la muchedumbre que cercaba la casa capitular, apeló á su voto; pero esta, siguiendo á los conjurados, gritó: ¡Afuera! ¡Afuera! No le queremos.—Ni yo tampoco quiero el mando, dijo él despechado, si bien tratando de disimular su enojo y bochorno. Tomóse acta de estas palabras y se consideraron alli mismo como una renuncia voluntaria.

El ayuntamiento, auxiliado por varios particulares llamados á su seno en calidad de diputados de las diferentes corporaciones y clases de la sociedad, declaró: "Que las provincias de Venezuela procederian á constituir un gobierno encargado de ejercer la soberania á nombre y en representacion de Fernando VII," neto por medio del cual desconoció la autoridad de la regencia, y luego expulsó de su territorio las autoridades principales que hasta alli habian representado á la nacion española, aboliendo al propio tiempo el odioso tributo de los indios y la Inútil de esclavos.

Una vez desterrado el capitan general, el mando superior de las armas fué conferido á un sugeto de gran instruccion y valor personal; este era el coronel Fernando Toro, hermano del marqués de este nombre, que habia sido educado en España.

Pronto las provincias de Barcelona, Cumaná, Margarita, Varinas y asi sucesivamente las demás, menos las de Coro y Maracaibo que se declararon fieles á la regencia, enviaron sus diputados á la junta, reconociendo asi el nuevo gobierno de Venezuela. Y si bien es cierto que á poco la Guayana se retractó de su primer acuerdo mandando presos á la metrópoli, á la Habana y Puerto-Rico á los adictos al nuevo órden de cosas, por otra parte, el reconocimiento hecho por Mérida del gobierno establecido en la capital, separándose de Maracaibo con noble entusiasmo, compensó en parte semejante defeccion.

La Junta envió á Coro y Maracaibo algunos comisionados para tratar con las autoridades españolas, y estas los recibieron como traidores, y como á tales los remitieron sin vacilar un momento á las prisiones de Puerto-Rico. En vista de semejante atropello, ordenó la Junta que el marqués del Toro partiese al frente de alguna tropa contra la provincia de Coro; y dicho señor, cumpliendo con lo dispuesto por aquella, situó por lo pronto su cuartel general en Carora.

Mientras estos sucesos tenian lugar, el coronel Simon Bolívar, investido de los poderes necesarios por la Junta y acompañado de Luis Lopez Mendez, se dirigia á Inglaterra para solicitar la proteccion de su gobierno contra el enemigo comun, en el caso de que este intentara apoderarse de Venezuela, y al propio tiempo impetrar su mediacion con el de España para que no se turbase la paz y buena armonia que hasta alli habian existido entre los habitantes de ambos hemisferios.