Nosotros hallamos un manantial al pie de un árbol magnífico, de robustez y frondosidad.

Cambiamos caballos y seguimos, saliendo á un gran descampado.

Respiré con expansión.

El europeo ama la montaña, el argentino la llanura.

Esto caracteriza dos tendencias.

Desde las alturas físicas, se contemplan mejor las alturas morales.

Los pueblos más libres y felices del mundo son los que viven en los picos de la tierra.

Ved la Suiza.

Á poco andar volvimos á entrar en el monte. Aquí era más ralo. Podíamos galopar y era menester hacerlo para llegar con luz á Utatriquin—otra aguada,—porque la noche sería sin luna, salía á la madrugada.

Me apuré, cuanto la arboleda lo permitía, y llegamos á la etapa apetecida.