Ya lo he dicho: el fogón es la tribuna democrática de nuestro ejército.

El fogón argentino no es como el fogón de otras naciones. Es un fogón especial.

Estábamos tomando mate de café de postre; la noche había extendido hacía rato su negro sudario.

Una voz murmuró, como para que yo oyera.

—Si contara algún cuento el Coronel.

Era mi asistente Calixto Oyarzábal, de quien ya hablé en una de mis anteriores; buen muchacho, ocurrente y de ésos que no hay más que darles el pie para que se tomen la mano.

—¡Sí, sí—dijeron los franciscanos, al oirle, los oficiales y demás adláteres,—que cuente un cuento el Coronel!

Me hice rogar y cedí.

Es costumbre que los hombres tomamos de las mujeres.

¿Y sabes, Santiago, qué cuento conté?