Yo, aunque sea esto un detalle que no le interesa mucho al lector, me desnudé y, echéme al agua.

Quería inspirar confianza á los que me seguían, y más que á éstos, á los indios si me descubrían en aquel lugar.

Ya debían estar prevenidos. Y aquí me detengo hoy. Mañana te contaré los percances del resto del día, en que los franciscanos queridos no ganaron para sustos.

XV

La Laguna Verde.—Sorpresa.—Inspiraciones del gaucho.—Encuentros.—Grupos de indios.—Sus caballos y trajes.—Bustos.—Amenazas.—Resolución.

Después que me bañé, que comieron, descansaron y se refrescaron las cabalgaduras en las profundas aguas de La Verde, mandé ensillar, y continuó la marcha.

Estábamos tan cerca ya de Leubucó, que era en verdad sorprendente no se hiciera ver ningún indio.

Angelito y el cabo Guzmán, debían estar á esas horas descansando en el toldo del cacique Mariano Rosas, y éste prevenido de que yo llegaría de un momento á otro.

Íbamos con mi lenguaraz haciendo conjeturas y atravesando siempre un terreno guadaloso, sumamente pesado, tanto que los caballos no resistían al trote, cuando al coronar los últimos pliegues de la sucesión de médanos que forman el gran médano de La Verde, divisamos, viniendo al galope, un indio armado de lanza.