Tocaron marcha, y formaron en batalla.

Serían como doscientos cincuenta. Un indio seguido de tres trompas que tocaban á degüello recorría la línea de un extremo á otro en un soberbio caballo picazo, proclamándola.

Era el cacique Ramón.

Llegaron dos indios y mi lenguaraz, diciéndome que avanzara. Y Bustos, haciendo que los franciscanos me siguieran como á ocho pasos, se puso á mi izquierda, diciéndome:

—Vamos.

Marchamos.

Llegamos á unos cien metros del centro de la línea de los indios, al frente de la cual se hallaba el cacique teniendo un trompa á cada lado, otro á retaguardia.

Caniupán me seguía como á doscientos metros.

Reinaba un profundo silencio.

Hicimos alto.