«Primero muerto que deshonrado.»

Donde los indios me esperaban hicimos alto: mandé aflojar las cinchas, dar un descanso á los caballos y de beber después.

Hecho esto, en dos grupos unidos que no tardaron en deshacerse, nos pusimos en marcha al galope, con la mirada fija en la faja negra.

Galopábamos en alas de la impaciencia y de la curiosidad.

No había sido fácil empresa llegar hasta la morada de Mariano Rosas. ¡Hasta los bárbaros saben rodearse de aparato teatral para deslumbrar ó embaucar á la multitud!

De repente hizo alto un grupo de indios que nos precedía.

—Hay alguna novedad—me dijo Mora,—porque si no aquéllos no se habrían parado.

—¿Y qué será?

—Cuando menos han avistado algún parlamento.

—¿De quién?