Los franciscanos no se quedaron atrás.

Yo no sé cómo hicieron, pero el hecho es que llegaron juntos conmigo hasta el punto en que diciendo y haciendo, Caniupán gritó:

—¡Parando, hermano!

Los dos grupos, el que iba y el que venía, sujetamos al mismo tiempo, quedando como á veinte pasos uno de otro.

Del que venía salió un indio.

Del nuestro salió otro.

Se colocaron equidistantes de sus respectivos grupos y mirando el uno para el Norte y el otro para el Sur, tomó la palabra el que venía de Leubucó.

¿Cuánto tiempo habló?

Hablaría seguido, sin interrupción alguna, sin tragar la saliva, como cinco minutos.

¿Qué dijo?