—Es menester aullar con los lobos para que no me coman.
Mis aires, mis modales, mi disposición franca, mi paciencia, mi constante aceptar todo yapaí que se me hacía, comenzaron á captarme simpatías.
Lo conocí y aproveché la coyuntura.
La ocasión la pintan calva.
Llevaba una capa colorada, una linda, aunque malhadada capa colorada, que hice venir de Francia, igual á las que usan los oficiales de caballería de los cuerpos argelinos indígenas.
Yo tengo cierta inclinación á lo pintoresco, y durante mucho tiempo, no he podido substraerme á la tentación de satisfacerla.
Y tengo la pasión de las capas,—que me parece inocente, sea dicho de paso.
En el Paraguay usaba capa blanca siempre.
Hasta dormía con ella.
Mi capa era mi mujer.