—Es verdad, señor, pero es que á la Dolores la quería mucho también, y me gustaba más—repuso.
—¿Y la veías?—proseguí.
—Todas las noches, señor, y de ahí vino mi desgracia y la de toda mi familia—contestó con amargura, envolviéndose en una nube de melancolía.
—¡Pobre Miguelito!—exclamé interiormente, admirando aquella ingenuidad infantil en un hombre cuyo brazo había estado resuelto, por simpatía hacia mí, á darle una puñalada al tremendo y temido Epumer.
XXVIII
Teoría sobre el Ideal.—Miguelito continúa contando su historia.—Cuadro de costumbres.
Toda narración sencilla, natural, sin artificio ni afectación, halla ecos simpáticos en el corazón.
El ideal no puede realizarse sino manteniéndonos dentro de los límites de la Naturaleza.