Mis suegros me querían y me ayudaban á trabajar, prestándome dinero, me cuidaban y me atendían.
Al principio todos los suegros son buenos. ¡Pero después!
Por eso los indios tienen razón en no tratarse con ellos.
—¿Conoce esa costumbre de aquí, mi Coronel?
—No, Miguelito, ¿qué costumbre es ésa?
—Cuando un indio se casa, y el suegro ó la suegra van á vivir con él, no se ven nunca, aunque estén juntos. Dicen que los suegros tienen gualicho.
Fíjese lo que entre en un toldo y verá cómo cuelgan unas mantas para no verse el yerno con la suegra.
—Vaya una costumbre, que no anda tan desencaminada—exclamé para mis adentros,—y dirigiéndome á mi interlocutor—continúa—le dije.
Miguelito murmuró:
—Son muy diantres estos indios, mi Coronel—y prosiguió así: