Yo también he estudiado griego.
Monsieur Rouzy puede dar fe, y tú, Santiago amigo, fuiste quien me lo metió en la cabeza.
Es una de las cosas menos malas que le debo á tu inspiración mefistofélica.
Tú fuiste quien me apasionó por el hombre del capirotazo.
¿Acaso yo le conocía bien en 1860?
En prueba de que sé griego, como un colegial, ahí va la traducción de dicho anónimo:
«No se aprende el mundo en los libros».
Aquí era donde quería llegar.
Los circunloquios me han demorado en el camino.
Siento tener que desagradecer á mi ático amigo Carlos Guido, cuyo buen gusto literario los abomina. Sírvame de excusa el carácter confidencial del relato.