Volvió á guardar silencio.

—El honor consiste en cumplir uno siempre su palabra, aunque le cueste la vida. ¿Me entiendes ahora?

—Sí, Coronel.

—Bien, vas á ser mi asistente, vas á cuidar mis caballos, vas á ser mi hombre de confianza, y ahora mismo te voy á hacer poner en libertad.

El gaucho no contestó una palabra.

—¿Te animas á servirme bien? Yo no puedo darte la baja. Tienes que ser soldado; te ayudaré en tus necesidades. ¿Qué te parece? ¿Te animas?

—Sí, mi Coronel.

Sólo entonces el gaucho me dijo al contestarme: mi Coronel.

Di las órdenes en el cuerpo, y al rato andaba Rufino por Villanueva, como uno de tantos militares.

Vinieron á avisarme que se había desertado, y expliqué lo que había.