—El cabo Gómez.
—¿Y quién lo ha visto?
—Nadie, señor; pero se sospecha sea él, porque está ebrio, y murmura entre dientes:—Había jurado matarlo, ¡un bofetón á mí!...
¡Me quedé aterrado!
Pasé el parte sin mentar á Gómez.
Y aquí termino hoy.
Lo que no tiene interés en sí mismo, puede llegar á picar la curiosidad del amigo y de los lectores, según el método que se siga al hacer la relación.
El cabo Gómez queda preso.