Dominando mi emoción, le pregunté:
—¿Cómo hiciste eso?
—Borracho, mi Comandante.
—¿Y cómo me lo negaste el primer día?
—Usted me preguntó por un vivandero, y yo creía haber muerto al alférez Guevara.
—¿Ésa fué tu intención?
—Sí, mi Comandante, me había dado un bofetón el día del asalto de Curupaití, sin razón alguna.
—¿Y qué has confesado en el Consejo?
—Mi Comandante, no lo sé. Yo he creído que el muerto era el Alférez. Me han preguntado tantas cosas que me he perdido.
Salí de allí.