—Yo tengo los sueldos de tu hermano para ti; ven á mi batallón, que está en el reducto de la derecha, te los daré y te haré enseñar dónde está su cruz.

—Yo sé—murmuró.

Un largo diálogo se siguió. Yo pugnando porque la mujer fuera á mi reducto para darle los sueldos de su hermano é indicarle el sitio de su sepultura, y ella aferrada en que no, contestando sólo: Yo sé.

El General Gelly, picado por la curiosidad de aquel carácter tan tenaz, al parecer, la hizo varias preguntas:

—¿De dónde vienes?

—De la Esquina.

—¿Cuándo saliste de allí?

—Antes de ayer.

—¿Dónde supiste la muerte de tu hermano?

—En ninguna parte.