—¿Cómo en ninguna parte?
—En ninguna parte, pues.
—¿Te la han dado en Itapirú, ó aquí en el campamento?
—En ninguna parte.
—¿Y entonces, cómo la has sabido?
La hermana de Gómez refirió entonces, con sencillez, que en sueños había visto á su hermano que lo llevaban á fusilar; que como sus sueños siempre le salían ciertos, había creído en la muerte de aquél, y que, tomando el primer vapor que pasó por la Esquina, se había venido á velar su crucecita, que estaba en el cementerio de los paraguayos, idea que era fija en ella.
Á las interpelaciones del General Gelly siguieron las mías.
El sueño de la hermana de Gómez había tenido lugar precisamente en el momento en que éste estaba en capilla recibiendo los auxilios espirituales.
Un hilo invisible y magnético une la existencia de los seres amantes, que viven confundidos por los vínculos tiernísimos del corazón.
Y como ha dicho un gran poeta inglés: «Hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que ha soñado la filosofía.»