—Á mi derecho:

—Á vuestro derecho:

Luego un derecho que se sobrepone á otro no es derecho, es abuso ó tiranía.

Yo tengo el derecho de hablar, vos también. Si os impongo silencio y no callo, os oprimo. Yo tengo el derecho de trabajar para mí, vos también. Si os hago mi esclavo, os tiranizo.

Estamos acordes.

Pues bien. Insisto en ello. Yo tengo el derecho de ser feliz. Lo reconozco, me contestáis; no me opongo á ello, no tengo cómo oponerme; lo intentaría en vano.

Es mentira, puesto que mi felicidad consiste en que me devolváis el amor de la mujer que me habéis robado.

No depende de mí. En todo caso dependerá de ella.

Pero es que si ella volviese á mí, no volvería como antes era; para que lo fuera, hubiera debido permanecer inmaculada y la habéis corrompido.