Suponiendo que yo pueda ser responsable de vuestra felicidad, os prevengo que hacéis un sofisma cuando la comparáis con el derecho.
No os entiendo.
Quiero decir que el derecho regla las relaciones naturales de la humanidad; que si la libertad es un derecho, la felicidad no lo es.
¿Y por qué no ha de ser un derecho aquello que más necesito?
Tanto valiera que me dijerais que respirar no es mi derecho, siendo así que tengo el derecho de vivir y que si no respiro muero.
Es que el sofisma consiste en que hacéis de un accidente una necesidad; de una cosa contingente una cosa absoluta; de una cosa que está en nuestras manos, una cosa que depende de los demás.
¿Pero mi libertad, mi derecho están en ese mismo caso?
No, porque vuestra libertad y vuestro derecho están garantidos por la libertad y el derecho ajenos. Alteri non feceris quod tibi fieri non vis. No hagas á los demás, lo que no quieres que te hagan á ti mismo. Alteri feceris quod tibi fieri velis. Haz á lo demás lo que quieres que te hagan á ti mismo. Estos dos aforismos encierran todos los deberes del hombre para con sus semejantes y con la familia.
No protesto contra estos principios, arguyo sólo, que si mi felicidad no daña á los demás, tengo el derecho de exigir ser feliz.