¿Cuánto duró? Pocos instantes. Quizá si hubiera durado más, lo hubiera podido definir.

Me hallaba perplejo, sin saber qué hacer, mi caballo caminaba en la dirección que quería, yo estaba desorientado y todo era igual, lo mismo un rumbo que otro.

Así había vagado un breve instante á la ventura, cuando sentí un tropel, cerca, muy cerca de mí. La emoción, sin duda, no me había permitido oirlo antes.

Hay situaciones en que, según las disposiciones del espíritu, el zumbido de una mosca, el susurro de una hoja parecen una tempestad; y otras en que no se oye ni el estampido del cañón. Yo he visto en el campo de batalla hombres asustados, poseídos de terror pánico, huir hacia el enemigo, que no reconocían á quien les hablaba, ni oían lo que se les decía.

Dando vueltas había caído al camino. Me incorporé á un grupo que pasaba al galope y seguí. Salimos á un descampado. Algunas estrellas brillaban entre nubes errantes, que, á impulsos de un vientecito que se había levantado, corrían de Naciente á Poniente, presagiando que al salir la luna tendríamos luz.

Volvimos á entrar en la espesura; caímos á unos barrancos con lagunas salitrosas, que parecían espejos de bruñida plata; subimos á la falda de los médanos, y al llegar á la cumbre de uno de ellos, la errante reina de los cielos asomó su blanca faz, y clavándola en la inmóvil superficie de las lagunas, hizo brotar de su seno diamantinas luces.

Oyéronse toques de clarín. Jamás el bélico instrumento resonó en mis oídos con más solemnidad. Me hizo el efecto de la trompeta del arcángel el día del juicio final. Sus vibraciones se alcanzaban tremulantes unas á otras, recorriendo las ondulaciones del vacío.

Los cornetas de Baigorrita contestaron.

Estábamos en la raya.

Hicimos alto. Llegó un parlamento, habló y habló; le contestaron razón por razón; lo despacharon; volvió otro y otro, se hizo lo mismo y á las cansadas llegó un hijo de Mariano Rosas, invitándonos á avanzar.