—¿Hay algo?—le pregunté á San Martín.

—¡Creo que sí!—me contestó.

Baigorrita estaba más pensativo que de costumbre. Sus preguntas, sus exclamaciones, su aire sombrío, acabaron de convencerme de que Manuel Alfonso no había venido á mi fogón á hablar de la paz y de Calfucurá sin objeto.

¿Qué podía haber?

En vísperas de una gran junta, cualquier mala disposición era alarmante.

—¿Hay alguna cosa, compadre?—le hice preguntar á Baigorrita con San Martín.

—Sí, compadre—me contestó él mismo.

Habló con San Martín y en seguida me dijo éste:

Que Mariano Rosas le había contado muchas cosas de mí; que estando acampado en Calcumuleu los había tratado muy mal á los indios; que á él le había mandado decir una porción de desvergüenzas; y que yo era muy altanero.

Le referí todo lo que había sucedido y su respuesta fué por boca de San Martín: