—¿Cómo no ha de ser nuestra cuando hemos nacido en ella?

Le contesté que si creía que la tierra donde nacía un cristiano era de él; y como no me interrumpiera proseguí:

—Las fuerzas del Gobierno han ocupado el Río 5.º para mayor seguridad de la frontera; pero esas tierras no pertenecen á los cristianos todavía; son de todos y no son de nadie; serán algún día de uno, de dos ó de más, cuando el Gobierno las venda, para criar en ellas ganados, sembrar trigo, maíz.

¿Usted me pregunta con qué derecho acopiamos la tierra?

Yo les pregunto á ustedes ¿con qué derecho nos invaden para acopiar ganados?

—No es lo mismo—me interrumpieron varios;—nosotros no sabemos trabajar; nadie nos ha enseñado á hacerlo como á los cristianos, somos pobres, tenemos que ir á malón para vivir.

—Pero ustedes roban lo ajeno—les dije,—porque las vacas, los caballos, las yeguas, las ovejas que se traen no son de ustedes.

—Y ustedes los cristianos—me contestaron,—nos quitan la tierra.

—No es lo mismo—les dije:—primero, porque nosotros no reconocemos que la tierra sea de ustedes, y ustedes reconocen que los ganados que nos roban son nuestros; segundo, porque con la tierra no se vive, es preciso trabajarla.