En tal situación escribió al Presidente de la República.
No le contestaron.
¿Cómo le habían de contestar?
Sus cartas habían sido interceptadas y detenidas.
Llamé al capitán Rivadavia y le mandé preguntar con él á Mariano Rosas si estaba visible.
Me contestó que fuera cuando quisiese, que estaba por almorzar.
Entré en su toldo.
Su cara revelaba la agitación de la noche; estaba más pálido que de costumbre.
Al verme entrar me dijo, sin cambiar de postura (estaba sentado al lado del fogón):