—¡Hum! anduvo medio mal la cosa en la junta.
—¡Eh! no todos comprenden.
—¡Es cierto!
—Y su amigo, el padre Burela ¿por qué no le ayudó?
—No sé, estaba medio asustado, me parece.
Se sonrió, como diciendo, «uno y medio», y acariciando á uno de sus hijos que se echó sobre sus rodillas, exclamó:
—¡Ese toro!
Era el hijo que había defendido á la madre la noche antes.
—Tiene muy buena cara—le dije.