—Ya faltan pocos.
—¿Cómo pocos?
—Sí, pues.
—No lo entiendo.
Me hizo una relación de los cautivos que en diversas épocas había remitido al Río 4.º, y concluyó diciéndome: que agregando á esa cuenta ocho, se completaba el número.
Era una salida inesperada.
¿Qué tenía que hacer el nuevo tratado de paz con los cautivos anteriores?
¿La idea era de él ó se la habían sugerido?
Quise explorar el campo, fué en vano; circunspecto y reservado no soltaba prendas.
Resolví hablarle categóricamente, porque el incidente era de tal naturaleza que las paces podían frustrarse, y le dije: