—Hermano, usted está equivocado; los cautivos que ha dado antes no tiene nada que ver con los que me debe dar á mí; lea bien el Tratado y verá.

—Sí, ya sé; pero yo lo decía porque usted pudiera ser que lo pudiese arreglar.

—¿Y cómo quiere que lo arregle?

—Diciéndole al que los gobierna que se han recibido los que yo digo.

—¿Y cómo le voy á decir eso?

—Yo le doy los nombres de los viejos.

—No puedo hacer eso.

—¿Entonces?...

—¿Y entonces qué?...

—Haremos lo que usted dice.