—Ya se lo he dicho á usted; Macías no es un cautivo. Usted está obligado por el Tratado á dejarlo en libertad, él quiere irse y usted no lo deja salir.

Se quedó pensativo...

Yo le observaba de reojo.

Llamó...

Vino un indio.

—Ayala—le dijo,—y el indio salió.

Permanecimos en silencio.

Vino Ayala.

Mariano Rosas le habló así. Repito sus palabras casi textualmente:

—Coronel, mi hermano quiere sacarlo al dotor, yo pensaba dejarlo dos años más para que pagase lo que ha hecho contra ustedes, que son hombres buenos y fieles.